Hace unos días, Shakira, una gata amiga, tuvo una linda camada de gatitos. Por cosas inexplicables de nuestra naturaleza, ella rechazó a su prole y no los quería amamantar, y los críos fueron muriendo de hambre. Yo traté de persuadirla pero las gatas son de razonamiento misterioso y tozudo.
Cuando hubo perdido a todos sus hijos, la loca andaba llorando por sus hijitos. Yo ni me acercaba a consolarla porque sé que en situaciones como esa las hormonas andan dando vueltas como locas.
Finalmente, como no podía traer de vuelta del cielo de los gatos a sus cachorritos, se robó uno de una gata parida de la casa de al lado, y lo cuidó y amamantó como la mejor madre.
El crío, que se llama Chimichurri, goza de buena salud y se ve bien, aunque ni se parece a su mamá o padres.
Buenamoza, una gata vieja amiga mía, me comentaba que no entiende a estas nuevas generaciones.
Estuve tentado de comentarle que ella hacía lo mismo, pero ya es demasiado de temperamento femenino por ahora.